Winter is Coming

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 Presagios y tormentas [Rickard]

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Aedin Baratheon
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Fecha de inscripción : 15/10/2011

MensajeTema: Presagios y tormentas [Rickard]   Vie Oct 21, 2011 2:36 pm

Había pasado la tarde deambulando en los jardines, retorciéndose los dedos involuntariamente, como siempre hacia cuando estaba nerviosa o ansiosa por algo. Ademas de su guardia personal, tenia el escrutinio atento de otros que no conocía. No le sorprendeía que su hermano le hubiera puesto vigilancia continua, afortunadamente había logrado enviar la carta antes de que sus vigías aparecieran. Confiaba que se cuervo llegara a destino, al parecer, mas le valía confiar en el ave que en su hermano mayor.
Y Brynden...era peor de lo que esperaba y eso que no esperaba realmente mucho del niñato mimado. Habia dedicado parte de la tarde tambien a observar la vida por aquellas tierras y habia llegado a pensar que era algo asi como una porcion de tierra olvidada por los dioses, donde la vida del ser humano no valia nada mas que las voluntades y deseos de quien se sentara en el trono.
No vio a Thomas el resto del día, o había acatado a la perfección la orden de Rickard o la estaba eludiendo notoriamente. Sobre su cabeza el cielo que amenciera gris se tornaba cada vez mas oscuro, tan solo un pequeño presagio de los tiempos que se avecinaban y en su andar una de las doncellas que se arrastraban tras Rickard la alcanzo con urgencia para entregarle un comunicado que ella escucho con un vuelco de su estamago. Despidio a la joven amablemente y continuo con su paseo mientras su cabeza ahora tenia un engranaje mas trabajando buscando soluciones desesperadas.
El queria verla, esa noche en su recamara cenarian y..hablarian. Si, ellos hablarian...o en realidad el hablaria y ella escucharía, porque no se podía hablar con quien no estaba dispuesto a escuchar, luego pasaria la noche aguardando un milagro proveniente desde la mano de su padre en El Bastion de las Tormentas.
El dia transcurrió con esa calma propia que antecede a tormenta y parecia ir en perfecta sintonia con su estado animico. Se repitio unas cien veces que la tranquilidad e inteligencia eran las mejores armas que el ser humano podia tener y ella no era la excepcion. Bien, al menos no podia quejarse de aburrimiento, penso ironicamente y esbozo una sonrisa ante esto, quizas la única verdadera que había asomado a sus labios desde la mañana.. De pasar a ser una niña mimada en el Bastion, feliz y cómoda entre los brazos y protección de su padre y madre, paso a habitar un nido de serpientes enroscadas que no dudarían en bajar el filo de sus espadas sobre su cuello si ella no obedecía. Su hermano, su rey y todos quienes les presentaban fidelidad. Ella sabia muy bien que solo tenia dos opciones a partir de entonces si los planes no resultaban como esperaba. O acataba las ordenes de su hermano y se casaba con el Tyrell, pasando a ser otra muerta en vida como su madre. O bien se plantaba en batalla hasta las ultimas consecuencias, aunque estas no fueran menos que la muerte. Al parecer, escogiera el camino que escogiera ella terminaria muerta...la pregunta era: elegiria la muerte del cuerpo o la del espiritu mientras su corazon latía? Maldito seas Rickard!!, maldijo furiosamente mientras arrancaba de cuajo un manojo del rosal lleno de espinas y la sangre salia por su piel rota, resbalando sobre sus palmas, brazos, ensuciando su vestido. Levanto la mano hacia sus ojos para inspeccionar las heridas. Varios rasguños y pequeños cortes le devolviero la mirada pero lo que la encandilo no fue el dolor, no fue la suciedad, sino la sangre brillante que descedia en pequeños hilos escarlata brillante. Tuvo una pequeña vision de ella bañada entera en ese liquido y supo de alguna forma, que si los planes no salían como ella esperaba, su destino estaba decidido. Con la mirada ausente volvio al castillo y fue directamente a sus aposentos, ordeno que le preparan un baño y eligio cuidadosamente los vestidos que se pondria.

Con la puesta de sol la joven golpeaba suavemente con los nudillos en la recamara de su hermano mayor. Ataviada en un vestido color azul con bordados en oro y plata, con las mejillas sonrojadas y el cabello cayendo libre en una cascada de bucles por su espalda, era la viva imagen de la belleza e inocencia..o lo seria, si sus enormes ojos azules, el orgullo de su padre, no se encontraran tan apagados e inexpresivos,muertos. Aguardo con las manos juntas sobre su regazo a que su hermano abriera la puerta, y en cuanto lo hiso, se inclino con delicadeza y gracia ante el.
Mi señor, mando a llamar...
Fuera finalmente, la tormenta que llevaba un día entero anunciándose, rugió con fuerza entre truenos, relámpagos y precipitaciones. Muy dentro supo que aquello solo era el inicio del fin.
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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Vie Oct 21, 2011 5:36 pm

Rickard acababa de llegar de la reunión con el Consejo del Rey del cual formaba parte, había sido una congregación fructífera, el propio heredero negado de Bastión de Tormentas había obtenido varias conclusiones y había planeado varias movidas inteligentes a partir de allí. Ya de nuevo en el Torreón de Maegor, se sentó sobre su cama y empezó a amolar a Quorra, su daga personal. Luego la guardó y empezó a hacer lo mismo con su espada, Glacius, que recibía el nombre de su difunto y amado hermano. Rickard había tenido una relación curiosa con su hermano, a pesar de que despreciaba el hecho de que fuera él siempre quien recibía todas las atenciones, le admiraba profundamente y lo tomaba como un modelo a seguir. De hecho, en su habitación, había un pequeño retrato de Glacius, pintado por un afamado y ya fallecido artista de la época. Dejó a Glacius sobre su cama e hizo llamar a Jhani para que preparara la mesa y trajera la cena, le indicó además que trajera para su hermana aquello especial que habían acordado. De seguro le encantaría el plato.

Escuchó el toque de la puerta y se tomó su tiempo para levantarse, una vez le abrió apreció las palabras que esta le dirigía—<<Me teme, esa es la semilla de la rebeldía, no debe temerme, debe respetarme. Esta será una larga noche>>, pensó.

-Mi señorita—comentó, sin corregirle en esta ocasión el dejo de sumisión falso que su hermana demostraba y correspondiéndole en igual manera con un comentario erosivo—. Toma asiento por favor—indicó hacia uno de los asientos sobre la pequeña mesa de madera ya colocada, en ella había también un considerable velón de gran belleza que alumbraba desde el centro del mueble, dos platos, variedad de cubiertos y algunas cosas para picar.

Rickard esperó a que ella se sentara para hacerlo él también, pudo percibir la tensión en su hermana, más no dijo nada, estaba profundamente decepcionado más que molesto. Aedin había puesto su encaprichamiento juvenil por encima de la seguridad de su casa y también su padre, ahora un maldito viejo senil y un imbécil retardado. Rickard ansiaba en verdad que muriera pronto y si podía arrastrar a su madre con él mucho mejor.

-Te noto inquieta, ¿sucede algo? Puedo percibir tu intranquilidad y me doy cuenta de que hay algo que no me has dicho o que no me quieres decir—comentó con voz inescrutable.

Esperó unos instantes para ver si su hermana decía algo, cosa que no sucedió.

-Ya veo…—comentó— Muy bien, entonces comamos—dio dos palmadas indicando a las doncellas que trajeran los platillos, colocaron enfrente a Rickard un platillo cubierto con una tapa de cerámica y lo mismo hicieron con su hermana. Indicó que destaparan el suyo.

-Hmm, delicioso, ¿Lo hueles? Trucha adobada en especias marinas. Una delicia. Puedo recordar tu pequeña aversión por el pescado así que no te preocupes, mandé a preparar carne para ti. Jhini, si lo permites—indicó.

La doncella, algo nerviosa, levantó la tapa que cubría la comida de Aedin, sobre su plato había un cuervo asado, sin desplumar, con el pico y los ojos apuntando casi delatoramente a la joven. Rickard puso ambas manos sobre la mesa. Al cuervo le habían marcado el escudo Baratheon a fuego en el vientre.

-¿Qué sucede? ¿Perdiste el apetito?—preguntó con una sonrisa ligeramente maliciosa.

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Aedin Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Vie Oct 21, 2011 9:50 pm

No le sorprendió que le correspondiera de igual manera, ya había sido advertida aquella misma mañana y, por como se sentía, debería dar gracias de que aun le dirigiera la palabra, aunque mas no fuera tan formalmente.
La mesa estaba dispuesta en el centro de la habitación, como no podía ser de otra manera se encontraba majestuosamente dispuesta, solo una pequeñísima muestra de la clase de noble que el era, que ambos eran.
Se sentó en su silla y apenas si lo miro, la paciencia, la tranquilidad, la mirada serena de la que tanto podía hacer alarde interiormente no le servia para con su hermano, el lograba tirar su fachada por la borda, examinándola de tal forma que estaba segura que el Baratheon mayor podía leer directo en su alma.
Pero escucho sus palabras. Cada.una.de.ellas. Y que el cielo la ayudara si el se daba cuenta de lo que había hecho. Al contrario, allí sentada con el tan cerca, ya no sentía que aquello fuera una buena idea, pero lo hecho, hecho estaba y habían cosas que cuando se ponían en movimiento ya no se podían parar luego.
Inexplicablemente un escalofrió la recorrió y levanto la vista hacia el. Si, había muchas cosas que no le decía y que no tenia sentido de todos modos hacerlo. Si había algo que destacaba en Rickard es que, una vez el decidía que quería el sol, el tendría el sol y que el mundo se congelara como el hielo, porque a el no le importaba. Valían entonces las palabras? No le contesto, solo lo observo unos instantes con los ojos húmedos y luego desvió la mirada hacia sus propios dedos entrelazados en su regazo.
El no hiso mas preguntas, por el contrario desvió sus intenciones hacia la cena, lo cual seria algo difícil con el estomago cerrado como lo tenia, pero al menos tenia la oportunidad perfecta de estar allí, simplemente haciendo algo que fuera hablar.
Trucha adobada, predecible, pensó mientras el olor de las especias entraba por su nariz, provocandole un retorcimiento involuntario de las entrañas. Ella odiaba ese plato, desde niña, una de las tantas manías y rarezas de la noble muchacha para lo cual no encontraban explicación alguna. Por primera vez en la noche sintio un dejo de agradecimiento hacia su hermano por prepararle otra cosa, solo un dejo.
Pero el sentimiento cálido, si así podía llamarsele, desapareció en cuanto noto el nerviosismo de la doncella antes incluso que esta destapara su plato. Como si su campo visual hubiera sido alterado, lo vio todo en cámara lenta. Su rostro apenado, sus manos que temblaban ligeramente, casi imperceptiblemente, mientras tomaba la bandeja. Antes de ver a su precioso cuervo en el plato, vio la expresión asqueada y de miedo de la sirvienta y tuvo miedo ella también. Sabia que nada bueno la aguardaba pero no podía hacer otra cosa mas que bajar su mirada al plato.
Las cosas transcurrieron en cuestión de segundos desde que Rickard ordenara comer y Edwing la viera con los ojos blancos, tan inexpresivos como los suyos, tan muerto como comprendió que lo estaría ella, ya sea por mano de su hermano o suya propia.
Se llevo las manos a la boca en cuanto lo vio y dejo escapar tan solo un pequeño jadeo, ahogando el grito que en realidad pugnaba por salir, acallado tan solo por la bravura de la tormenta que se desataba fuera. Ya no pudo contener las lagrimas, que contrarias a su voluntad, bajaba por sus mejillas, descendían por su garganta y algunas se perdían en su escote. Así acabaría ella, el escudo grabado a fuego en el ave era una clara señal. Aparto la mirada del plato hacia un costado mientras escalofríos helados recorrían la longitud de su columna.

Eres un maldito...eres...
Sus palabras abandonaron sus labios, suaves, doloridas, incluso sin que ella se diera cuenta. En menos de dos amaneceres su vida dio un giro tan brusco que sentía que caminaba por una delgada linea que separaba vida y muerte. Se tomo su pequeño tiempo para tomar aire profundamente, no tanto para calmarse ella, sino para evitar que el estomago y todo su contenido salieran de su boca. Cuando logro calmarse un poco, después de unas cinco o seis exhalaciones profundas, volvió entonces la vista hacia su hermano. Su mirada competía en muerta con la de su amigo muerto frente a ella. A estas alturas le daba lo mismo casarse, no casarse y si no fuera porque sus padres aun vivían y ella los amaba, le daría exactamente lo mismo también su casa. Pero seguiría en pie por ellos, solo por ellos y solo por el tiempo que ellos vivieran, pues una vez que ambos fueran a acompañar a Glacius en la gloria, ella ya no tendría una casa a la que pertenecer.
Con la mirada ausente clavada en el rostro de su hermano, su voz sonó extrañamente dulce y aniñada y no porque lo estuviera fingiendo, sino porque estaba resignándose a vivir los años que les quedaran a sus padres y hacer honor a ellos.
Que quiere de mi? Quiere una unión con Tyrell?
No espero por una respuesta, ella la dio antes
Tendrá su unión mi señor...
Tomo de la mano de la doncella la bandeja y tapo con suavidad el plato con el animal, echándole una ultima mirada y con un doloroso agradecimiento que no salio por sus labios. Descanso ambas palmas sobre la bandeja y lo miro en silencio, sin expresión, simplemente aguardando las palabras desdeñosas, las amenazas o lo que sea que saliera de su boca...
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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Dom Oct 23, 2011 12:36 pm

Rickard sonrió ante la expresión de su hermana, estaba, ciertamente, consternada. Pidió que quitaran de la mesa al cuervo muerto y ordenó a sus doncellas que se retiraran, empezó a comer, mientras examinaba a su hermana con premeditación y alevosía, perfectamente consciente de la situación. Tomó un sorbo de vino blanco y se quedó quieto, silencioso, con cierto aire penumbral rodeándole. Carraspeó.l

-Pues bien… Puedo entender en ti la rebeldía de la juventud, las ansias de libertad, la búsqueda de una gloria personal, el sueño de toda damita de sociedad, lo comprendo perfectamente… Pero una traición así, apuñalarme por la espalda y de la manera más vil, utilizando de comodín a nuestro padre, de quien sabes hará lo posible por entorpecer todo lo que hago por esta familia a la que él ha destruido sin ton ni son, primero renunciando al trono y segundo confiando a su descendencia menos que cenizas… No estás considerando nada, estás siendo total y absolutamente estúpida en tus pensamientos, no es un ansia sana, es encaprichamiento—se calló unos instantes, todo lo que decía lo decía con voz muy clara y totalmente calmado, sin haberse salido de sus casillas ni una vez—Verás… Lo que padre dentro de su senilidad no parece comprender es que una alianza con los Stark es una doble ridiculez, es perder un matrimonio y perder gastos , es un sinsentido del que no sólo me percato yo, sino también nuestros enemigos. Quiero que lo entiendas, porque de nada sirve que hagas esto obligada, estarás tentada en cualquier momento a abandonarlo, ahora, si lo haces con conocimiento de causa y comprendiendo las implicaciones que todo esto conlleva podrás ser un poco más responsable…

-Esto es un Juego de Tronos, Aedin, lo que se juega aquí no es lo que se juega entre niños, es un tema de vida o de muerte, sin puntos medios. Confío plenamente en los Stark, totalmente, y considera que casándote con Ser Jonas Tyrell es la mayor muestra de poder y humillación a la casa Arryn que puede lograrse en estas condiciones. Serás la pareja, la mujer del abuelo de la damita del Valle. Entiendo que seas renuente, puede ser viejo, pero Ser Jonas es un hombre amable, bondadoso y según dicen: comprensivo. Mucho mejor que la gran mayoría de los hombres de tu edad. Ahora hagamos una suposición, pensemos que Raphael Stark es, en verdad, un caballero, supongamos que es la mitad, siquiera, de amable y buen señor que Ser Jonas, quien tiene en su haber un honor que Raphael ni siquiera sueña en alcanzar. Raphael está en edad de lucha, y cuando parta a la guerra probablemente morirá, te quedarás sola y no sólo habrás perdido a un esposo, me habrás perdido a mí como hermano. No quiero llegar a las amenazas, jamás atentaría contra tu vida, eso quiero que lo comprendas, eres mi hermana y te amo, pero tengo el poder de despojarte de tus títulos y convertirte en una plebeya ante la ley. No importa lo que digan los derechos de sangre, la ley puede cambiarse. No lleguemos a esto, comprende, por favor, lo que te pido.

Tomó un poco más de su bebida—Quiero que te sientes a analizar por un segundo todo esto, las oportunidades son pocas y deben aprovecharse. Yo mismo me casaría con una Tyrell, pero como miembro del Consejo no tengo permitido involucrarme de momento y debo hacer lo que esté entre mis manos para conseguir el título de Mano, o al menos, el de Jefe de la Moneda. Todo lo que hago lo hago por ti y por Thomas, por un futuro para ambos. Nuestra casa peligra en las manos de nuestro senil e intrépidamente ridículo padre. Es nuestro deber mantener el honor que nos arrebatan sus acciones y las de nuestro señor rey. Casarse con un Tyrell no sólo implica un mayor ejército, un lugar más hermoso, donde disfrutarás de una primavera constante y no de ese glacial invierno demoníaco de Winterfell, sino también la posibilidad de llegar y defender Bastión de Tormentas y nuestras tierras en caso de peligro. Estarás más cerca de nuestros padres, a los que amas con ciega devoción, y también más cerca de mí. Aquí podré cuidarte de los peligros de los hombres, tan cerca del muro como en Winterfell hay peligros más allá de lo que conocemos. No te expondré a algo que Brandon y yo hemos conocido.

-Confío en que serás sensata y analizarás todo esto minuciosamente. Te amo, eres mi hermana y velo por ti. Te entrego a los Tyrell porque confío en que allí serás señora y ama, en que te tratarán como lo que eres, una mujer de altura, mi niña, mi amada hermana, y ten por seguro que al menor índice de agresión hacia ti, cosa que no pasará, tendrán que vérselas conmigo—sonrió—. Procura no matar a nadie.

Se levantó y acarició la mejilla de su hermana, la besó en la frente con un cariño paranormal—Por favor, haz lo que te pido, por mí, por todos. Ya verás que tu vida será algo muy hermoso, quizás no lo que esperabas, pero no está nada mal. Ser Jonas es un hombre sano, no te preocupes porque muera pronto, según dicen, aún es hábil en las maneras amatorias…

-Te amo, seme fiel, vela por mí y yo velaré por ti, soy tu hermano, no tu señor.

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Aedin Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Dom Oct 23, 2011 8:56 pm

Si pudiera simplemente exteriorizar sus pensamientos y sentimientos en esos momentos habría un gran velo oscuro entre ellos separandolos y posiblemente seria Rickard quien estuviera en el plato muerto, pero afortunadamente para ella esas cosas quedaban al reguardo de su mente y nada mas. El no hacia aquello por ella, por mas palabras dulces y disfraces que quisiera ponerle, el solo lo hacia por el y ella lo comprendía a la perfección. A diferencia suya, ella haría aquello por sus padres. No era un viejo senil, y la sola mención la lastimo, pero si cabía admitir que se encontraba un tanto perturbado y aunque Aedin deseara que aquello solo fuera pasajero, no se permitía caer en el engaño, no muchos años le quedaban por vivir a su padre.
Bajo la cabeza cuando Rickard beso su frente y cerro los ojos. Lo odiaba y lo amaba y la ambigüedad del sentimiento estaba quemandola por dentro. Quería abrazarlo de la misma forma que quería empuñar el cuchillo de su plato y clavárselo directamente al corazón. Su discurso tenia el equilibrio perfecto de cuidado y amenaza, y no apostaría un cabello de su cabeza a que en verdad no la mataría. Muy a su pesar elevo la mirada hacia los ojos de su hermano y la dejo allí por unos segundos antes de contestar.
Como te dije... tendrás tu unión.
Su tono no era altanero, había llegado al punto en que ni siquiera había resentimiento, simplemente aceptación y resignación. En algo tenia razón, la unión de ambas casas garantizaba la mayor protección a la suya, un mayor poder y estabilidad. Su padre lo necesitaba en demasía, mas cuando sabia perfectamente que su reciente estado no era ningún secreto que se guardara tras las paredes del Bastion. Su madre necesitaba una protección que su padre en estos momentos, por mas que lo amara, no podía otorgarle y ella...ella se los debía.
No voy a abandonarlo, conozco demasiado bien nuestra situación,no debes preocuparte por eso.
Tampoco podía preocuparse por los títulos, aunque si había que admitir que su vida como noble era lo único que conocía. Había que darle credito a su hermano, el sabia donde apuntar cuando queria algo y era letal. Aun asi, la estremecia la simple idea de un hombre tan mayor y no se podia culpar por eso, era humana. Haria loque debia hacer, porsu casa, por su honor y por sus padres, pero no podian pedirle mas que eso.
Con su mirada al frente, sintiendo ese desagradable retortijón en el estomago y con la pena anudada en la garganta, hablo en voz baja y queda, sin mostrar emocion alguna.
Tendras de mi aquello que quieres...hermano. Porque se lo debo a mi casa, a mis padres. Se que poco te importan a ti, pero hare cuanto este a mi alcance para protegerlos y si esto es lo que lo hara posible, bienvenido sea...
Desprendio su mirada sin sentimientos de la nada misma donde estaba vagando y la fijo de nuevo en los ojos azules de su hermano. En aquellos momentos se encontro deseando ser de nuevo la niña que jugaba a ser grande y comprendio que de nada le valdria jugar a ser pequeña ahora. Supo que los hilos de su vida estaban tirantes y el tablero de juego ya no estaba a su favor. Pero volveria a estarlo, costara lo que le costara ella volveria a tener el control sobre si misma, solo se trataba de esperar.
...pero por favor, no digas que lo haces por mi. No niego tu...amor, hacia mi, pero esto se trata mas de ti, se trata del poder que TU necesitas..y que yo te ayudare a obtener por nuestra familia. No te preocupes por mi felicidad, ciertamente vale lo que el cuervo en el plato. Te ayudare a obtener lo que buscas, pero no lo hare por ti...sino porque se lo debo a padre y porque no me gustaria morir sin antes haber visto al malditode Brynden humillado y muerto. No gastes en mi tus amenazas, las necesitaras para quien no este dispuesto a doblegarse tan fácilmente.



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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Lun Oct 24, 2011 3:15 pm

Rickard sonrió sobremanera, su hermana era una persona sincera, aunque estaba siendo algo altanera debido a su rabia, había depuesto las armas y aceptado su destino, él podía entreverlo en sus ojos, al menos de momento, lo que sucediera más adelante era un absoluto y completo misterio. Pensó en sus padres, a quienes bien preferiría muertos y en la graciosa dicotomía de una hermana que hacía todo esto por ellos, a quienes poco le importaba el futuro y el honor de su casa.

-¿Se lo debes a tu casa? ¿De pronto te importa tu casa? Me alegro, pero no esperes que a nuestros padres les importe tanto, si lo haces, hazlo por el honor de los Baratheon, nuestros padres no han hecho más que mancillarlo.

Guardó su espada y su daga en el cinto, llamó a sus doncellas.

-Tráiganle algo comestible, un buen lechón o algo de jabalí a la cerveza, dátiles y frutos frescos. Si es posible. Y algo de alcohol, necesita bajar este “mal trago”.

Las mujeres se fueron y quedaron de nuevo solos los dos.

-Lo hago por ti, no te miento, eres parte de esta familia, ¿no es así? Quizás haya en todo esto una búsqueda personal, como en todo, tú también la tienes, pero créeme que velo por esta familia. Tu felicidad me importa, en cierta medida, por eso estoy arreglando el mejor acuerdo posible que nos beneficie a todos.

Tomó un trago de su bebida y se metió algo de pescado en la boca.

-Como te dije, ese odio por Brynden no está nada mal, guárdalo, pero en voz baja, muy profundo en tu corazón, que no se vea ni en tu rostro ni en tus labios. Por el bien de todos.
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Lun Oct 24, 2011 4:32 pm

En cierta medida, ya lo sabia ella como así también sabia que esa medida era muy baja. Suspiro mientras lo veía comer y no hiso comentarios al respecto, de nada servia gastar en casos perdidos las pocas energías que le quedaban. Lo observo en silencio mientras el no la miraba. El tiempo en Desembarco del rey lo habían cambiado, o tal vez ella nunca lo había visto realmente. Siempre fue un hombre duro al que mejor tener de tu lado, alguien que sabia lo que quería y que luchaba por ello y siempre había sido ese su punto mas admirable para ella. Sin embargo, veía algo mas oscuro ahora, algo que antes no estaba y se pregunto que clase de cosas podría haber visto o hecho para sufrir ese cambio. Sin embargo había que tener en cuenta sus palabras y muchos de sus consejos, sobre todo los que competían al rey, Aedin debía aprender a silenciar un poco su desdén. Sacudió casi imperceptiblemente la cabeza y desvió la mirada hacia la ventana que dejaba ver surcos de luz eléctrica atravesando el cielo oscuro en medio de la incesante tormenta, tal vez solo se lo estuviera imaginando. Tenia aun la suficiente sensatez como para darse cuenta que quizas Rickard siguiera siendo solo Rickard y ella estuviera viéndolo solo con los ojos del rencor en aquellos momentos.
Siempre me importo mi casa...pero también me importa mi futuro...
Comenzó diciendo en voz muy baja con la mirada fija lejos de el.
o al menos este ultimo me importaba, haré lo que tenga que hacer...tu ganas. Pero por favor, permiteme pedirte un pequeño favor si todo ese amor que me profesas como hermano es real...si tienes algo que decir de nuestros padres, te lo suplico, haslo cuando yo no este..es todo cuanto te pediré a cambio de entregar mi vida a un completo desconocido que triplica mi edad para que tu tengas tu ansiada....seguridad.
Se mordió los labios y cerro los ojos. Se pregunto si algún día podría acostumbrarse a esa idea, si la aceptación seria igual de sencilla al tener al ser Jonas Tyrell, un hombre que bien podria ser su abuelo, parado frente a ella. Podría no salir corriendo y ser la persona que debía ser en aquellos momentos?
La doncella que mandara su hermano llego con otras dos que cargaban bandejas de comida. Destaparon ante sus ojos un exquisito manjar que, en otros momentos, no dudaría de devorar con felicidad. Pero el olor de las especias sobre el lechón no hacia mas que ajustar ese nudo en su estomago y temió por el sudor frío que empapaba sus manos. En cuanto destaparon el plato, el olor la inundo por completo y se llevo una mano a la boca, agradeció con un gesto de la cabeza y pidió que por favor volvieran a taparlo. Luego miro a su hermano y se disculpo.
Debes perdonar si los últimos acontecimientos y los que están por venir han cerrado mi estomago, agradezco tu gentileza y me disculpo, no es desprecio.
Bajo la mirada hacia la bandeja cerrada que alejaban de ella y volvió a sentir el aguijonazo de la angustia al recordar al cuervo muerto. Entonces fue consciente nuevamente de los hechos. El cuervo había llegado hasta su padre con sus deseos? o había sido muerto en cuanto abandonara la torre? Su padre había enviado una carta al norte? Tomo la copa de su hermano y bebió un sorbo, era una costumbre que tenia de pequeña y que hacia sin darse cuenta, cuando fue consciente de la acción pensó que era algo que debería empezar por quitar de su lista de hábitos involuntarios.
Me gustaría saber...si mi padre llego a leer mi carta o han cazado a Ed...al cuervo, antes de llegar a su destino...y ademas, si no te importa, me gustaría enviar otro a madre, no te preocupes, puedes leer el contenido antes de sellarlo, pero me gustaría saber si puedo o si lo mataran en el camino.
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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Mar Oct 25, 2011 8:02 pm

Rickard seguía comiendo, apacible, estudiando los gestos y las palabras de su hermana. Amaba su sinceridad, era algo que caracterizaba a aquella chica en una medida peculiarmente absurda, había que admitirlo. Le dio otro sorbo a su bebida y, aún con las manos sobre la mesa, examinó la situación, intentaba sopesar el presente con el futuro, considerar los riesgos, comprender la postura de otros, aunque a veces le costaba sobremanera.

-No lo dudo, pero nuestro futuro no está escrito, vives en una época sangrienta, una época peligrosa, puedes planear rigurosamente una hermosa vida en un valle junto a un joven señor noble y al día siguiente una fleca puede atravesar tu estómago, quitándote la vida a ti y a tu noble hijo. Velo por una seguridad que no podrás obtener ni de mejor forma ni en un lugar más cercano. Está bueno que te importe tu futuro, pero si quieres tener futuro, será mejor que te enfoques en lo que puedes hacer por tu presente.

Rickard rió y se permitió unos segundos para explicar su repentino ataque de hilarancia.

-¿Ganar? Yo no gano nada, apenas hemos empezado esta mano, el juego no hace más que comenzar, hermana mía…

La miró con gesto serio ante su siguiente comentario—Como quieras, no hablaré de ellos en tu presencia.

-Sí, me imaginé que pasaría eso, de cualquier manera, cuando tengas hambre házmelo saber, estoy seguro de que al menos querrás pinchar algún cerdo salado luego de verle la cara a Brynden—comentó—Ahora, cuéntame… ¿Cómo te ha ido en la audiencia? ¿Ha sido… enriquecedora?—preguntó, haciendo énfasis en la última palabra.

Ordenó a la doncella que dejara la botella de vino en el lugar, se sirvió más, era delicioso.

-Ah, en cuanto a eso, efectivamente padre leyó la carta y buscó complacerte. Edwing o cómo se llame tu mascota llegó hasta Foso Cailin, cerca de El Cuello antes de que mis hombres lo interceptaran. Así como interceptarán cualquier otro envío que yo no quiera que llegue. ¿Una carta a nuestra madre? ¿Con qué fines?

Observó a su hermana, desconfiado.
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Aedin Baratheon
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Miér Oct 26, 2011 1:30 pm

Enriquecedora no era exactamente la definicion que le pondria a su audiencia. Mas bien fue una pesadilla de la que no habia podido despertar en el resto del dia y que presagiaba ponerse cada vez peor.

La audiencia fue un desastre Rickard. El niño saco una carta con el sello de nuestra casa donde "Lord Baratheon" - puntualizo las dos ultimas palabras - pedia al norte que se tomaran medidas contra el gobierno del nuevo rey. El cuervo fue interceptado y no llego a destino.

Se hecho hacia atras en la silla como si todo el cuerpo le pesara y se llevo las manos a las sienes que no hacian mas que latir salvajemente desde aquella mañana.

Eso no es todo, el muy...rey, me pidio que los mandara a llamar para una audiencia acusados de presunta traicion. Intente por todos los medios dejar muy en claro que padre no seria capaz de una cosa asi, sobre todo porque no se encuentra en su sano jucio, pedi que se investigara bien pero...

Apoyo los codos sobre la mesa y descanso su cabeza sobre ambas manos. De repente se sintio demasiado sola, aun con su hermano alli. El mundo tal como lo conocia se estaba desmoronando y en cambio descubria uno sangriento y miserable que no dudaria ni por dos segundos engullirla entera. La angustia se reflejo en aquellos ojos que examinaban a su hermano, y no pudo detener una lagrima que cayo y rapidamente limpio con el reverso de su mano.

Me puso en una posicion en la que si no lo hacia todos seriamos acusados de traicion, sin derecho siquiera a apelar en nuestra defensa ni buscar pruebas que mostraran lo contrario, que debia hacer? al menos asi tenemos una posibilidad, verdad?

Su voz se quebro con el peso de todo el dia. Comprendia demasiado bien que si no hacia cuanto le pedia el niño rey todos ellos serian muertos de todas formas.

Rickard, por lo que mas quieras, no permitas que haga esto. Tu sabes que padre no envio ese cuervo, a el no le importa si el mundo se viene abajo, renuncio a la corona para no tener nada que ver, entonces por que motivo haria jugadas repentinamente, en medio de su depresion y poco juicio, para ir en contra del rey? Y lo que es peor...van a matarlos por mi culpa, porque el desgraciado solo quiere acabar con nosotros sin importar nada mas.
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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Sáb Oct 29, 2011 1:58 am

Rickard atendió a su hermana con cautela, le preocupaba toda aquella situación acerca del rey niño, sobre todo después de la reunión de aquel día con el Consejo del Rey. Aún tenía en la memoria la fastidiosa intromisión del hermano de Ser Mortymer, el infame Lyonell, “La mierda de oro”. Se rió de su propio chiste y volvió a centrar su atención en su hermana.

-Sí, había escuchado algo sobre esto, acusaciones curiosas en contra de padre. La verdad, no sé qué pensar, sobre todo luego de ver lo perfectamente capaz que fue de enviar un cuervo a Invernalia hace poco, con una letra concisa y clara, ideas sencillas pero no utópicas. Su confianza era propia de alguien que lleva tiempo carteándose con el señor del Norte, además de recientemente.

Tomó algo de vino y prosiguió.

-El problema aquí no es si padre es culpable o no, el problema aquí es que esto me obliga a mí a dirigirme inmediatamente a Bastión de Tormentas. Veo esto más como una maniobra para sacarme del juego que un método para disuadir el poder de las Tierras de la Tormenta—analizó—. Debemos de enviar un cuervo a Thomas y apurar tu compromiso con Ser Jonas. Thomas debe volver a Bastión de Tormentas y tomar su lugar como Señor y Lord del reino.

Se mantuvo callado otro instante más.

-No esperes hacerlo, la “justicia” es un término ambiguo para el rey Brynden y su comitiva, la única justicia que encontrarás en este reino es aquella que le divierta más al niño rey. Puede ser tanto escucharte como cortarte las manos y hacer que te las tragues. Estamos en la boca del león, literalmente, Aedin, hay que saber manejarse. Por ello mismo es que…

Dio unas palmadas.

En ese momento entró un anciano tan viejo y decrépito que parecía imposible que pudiera sostenerse por sí mismo, su cuello estaba repleto de cadenas de infinidad de metales de todas formas y colores, desde oro hasta bronce, estaño y rubidio.

-Aedin, este es el Grand Maester Octavius, un viejo amigo de la familia y, por supuesto, líder del gremio de Maesters de Antigua y representante ante el Consejo del Rey. El día de hoy no ha ido a la reunión por cuestiones que nos incumben a ambos. Es uno de los pocos hombres leales que tenemos en Desembarco del Rey.

El anciano intentó postrarse ante Aedin—Mi señora, no he de creer lo que ven mis ojos.

-Ni lo que oirán tus oídos, Aedin, estás hablando con Octavius Baratheon, el primero de su nombre, hermano menor de Lord Stevron Baratheon, el segundo de su nombre y padre de Lord Selffon, quien a su vez fue padre de Ser Holly. ¿Te suena?

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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Dom Oct 30, 2011 7:50 pm

No le extrañaba que su hermano tambien desconfiara de las intenciones de su padre y aunque no esperaba otra cosa mas que precisamente la respuesta que habia dado, la sensacion de dolor la golpeo al comprender que no podia esperar la ayuda de Rickard para salir de aquella situacion. Penso en Thomas, ella lo necesitaba alli a su lado mientras el hacia los arreglos para su matrimonio.
No le contesto a la acusacion que el mismo hacia, indirectamente, contra Hally, no valia la pena comenzar una discucion que bien podia durar toda la noche sin obtener resultados favorables. En cambio se concentro en el hecho de que al fin y al cabo los dos querian lo mismo y Rickard era el mejor aliado, de momento, que podia tener si queria sacar el real culo de su sobrino del trono. Lo escucho con atencion y se vio obligada a sonreir cuando un trueno hizo eco en las ultimas palabras de su hermano antes que palmeara demandando algo.
Se giro en su asiento con curiosidad y vio entrar en la escena un hombre tan decrepito que temio que puediera evaporarse si alguien exhalaba bruscamente demasiado cerca. Tintineaban las cadenas de su cuello al caminar y la joven alzo las cejas sorprendida de que fuera lo suficientemente fuerte como para llevarlas.
Escucho con atencion las presentaciones de su hermano y supo en su tono y en su semblante que delineaba arrogancia envuelta en emocion, que aquel anciano era una pieza importante en su juego.
Se puso de pie rapidamente en cuanto el anciano intento postrarse ante ella y sostuvo con gentileza sus brazos, impiendole el movimiento, estaba claro que si lo hacia posiblemente no podria volver a levantarse.

Por favor mi señor, no...

Le sorprendio la emocion en su voz y en sus gestos e instintavemente paso la mirada del anciano a su hermano, soltando los brazos del hombre suavemente. Pensaba ofrecerle una silla pero antes incluso que pudiera hacer algun ademan las palabras de Rickard la dejaron helada en el momento. Y entonces volvio a observar al hombre..y nuevamente a su hermano esperando que se riera o algo...no lo hiso. Volvio la mirada al anciano y se llevo una mano a los labios.

No puede ser...

Susurro perpleja sin apartar la mirada del viejo. Las sorpresas no terminaban ese dia. Lo observo con sorpresa y sin dar credito a las palabras de su hermano, hasta que se concentro en el azul intenso de la mirada del hombre, un rasgo natural que sin intencion caracterizaba a todo Baratheon. Aquello era grande y hasta ella podia darse cuenta..los planes de Rickard demarcaban astucia y estrategia...lo admiraba con la misma intencidad que le guardaba recelo. Dandose cuenta que estaba observando al hombre como si fuera extraido de un zoologico de exoticos, por fin acerco una silla hacia el y lo insto a tomar asiento.

Rickard...yo no tenia idea de que el viviera...alguien mas lo sabe?

Se sento finalmente en su sitio ella tambien, o se dejo caer seria la expresion mas apropiada. Volvio a tomar la copa de Rickard y bebio un buen trago, ya no le importaba si aquello era apropiado o no, necesitaba algo de familiaridad en medio de tanto.

Tengo mil preguntas y no se exactamente cual formular primero, Rickard vas a decirme que esta pasando? que paso en la reunion de hoy y por que no sabia acerca de su existencia?...si me permite el atrevimiento.

La ultima pregunta fue dirigida al anciano antes incluso de que su hermano pudiera responder. Era un Baratheon y no podia verlo como tal, no era mas que un completo desconocido...y uno que daba por muerto y enterrado. Que era lo que habia estado aconteciendo a su alrededor mientras ella dormia en la seguridad de una burbuja creada por sus padres. Y lo que era peor...donde la llevaria a ella y a todos ellos, los rumbos que la dura realidad estaban tomando?



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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Mar Nov 01, 2011 2:37 am

El Grand Maester Octavius volvió a reverenciar a la joven Aedin, lo había hecho ya un número de veces incontable. Finalmente tomó asiento en cuanto Rickard se lo dispuso y se mantuvo impasible, respirando con dificultad y manteniendo una actitud cavilativa, propia de todo hombre de su edad. El joven Baratheon le ofreció una copa de vino a su bis-tío, quien la rechazó con un gentil ademán. Entonces el joven tomó asiento a su vez, manteniéndose absorto en un silencio sepulcral mientras su hermana asimilaba la situación en su totalidad. Se vio obligado, eventualmente, a intervenir.

-Pues es, hermana mía, el Grand Maester de Desembarco del Rey es un Baratheon, nuestro tío bisabuelo para ser exactos, hermano del gran Lord Stevron el Tormentoso.

Octavius, quien alguna vez dejare conocer su apellido, comentó— El sobrenombre de mi hermano es inmerecido, sus constantes desvaríos se debían a una enfermedad que sufría desde muy joven, yo estuve a punto de ser Lord de Bastión de Tormentas, pero el amor a la ciencia y a las artes exactas me llevó a la Ciudadela y allí aprendí las artes del maestre, perdiendo cualquier posibilidad de heredar algo y gracias a los Siete que así fue, nunca tuve madera de gobernante, mis señores.

Rickard sonrió para sí, satisfecho de su hazaña.

-Verás, nadie más lo sabe, Grand Maester Octavius ha sido muy precavido en eliminar todo rastro de su pasado, de hecho, dudo que nuestro abuelo supiera de su existencia, se fue a la Ciudadela antes de que Stevron el Tormentoso tuviera descendencia y por lo que sé, este le tenía cierta idea a Octavius aquí presente, así que la historia del Maestre es menos que un espectro.

-Y así está bastante bien—comentó él, jadeante.

Rickard intervino de nuevo—Sobre la reunión de hoy hablaremos a su tiempo, lo que debes saber y más nadie que vos debe saberlo, querida hermana, es que nuestro tío bisabuelo está aquí para servir a su casa.

Octavius realizó una nueva reverencia—Pienso pagar mi deuda a la casa de mi padre, Rickos Baratheon, serviré a ustedes, Aedin, Thomas y al joven Rickard. He estado desarrollando lo que me pidieron y dándolo en pequeñas dosis, hasta ahora parece funcionar.

-Sí—asintió Rickard—Estuvo indispuesto en las dos reuniones pasadas del Consejo hasta esta, quiere dar una sensación de “falsa salud”, pero estoy seguro de que morirá muy pronto. Escuché de su escudero que ha estado vomitando sangre.

-Es uno de los efectos finales—comentó el Grand Maester Octavius, al parecer satisfecho de sí mismo.

Aedin les miraba confundida, Rickard sonrió.

-Oh, querida hermana, nuestro tío bisabuelo, Grand Maester aquí presente, me ha estado ayudando a envenenar a Mortymer Lannister.

-No mucho más de una semana de vida según mis cálculos—agregó el Grand Maester.

-Yo le daría menos.

-Quizá.

-Octavius, amigo mío, brinda conmigo en este momento histórico. Cuando escriban nuestra historia gloriosa, todos sabrán que empezó con este día.

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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Miér Nov 02, 2011 9:35 pm

Quien lo diría? Tenia delante de sus ojos uno de los mas grandes hombres en su familia, aunque no hubiese ocupado el titulo de Lord y aunque no lo conociera hasta ahora. Posiblemente necesitaría un tiempo para asimilar los acontecimientos que vendrían y las revelaciones que ya ocurrían, pero desgraciadamente no contaba con ese tiempo. Muy a su pesar cada minuto que pasa, cada palabra que escuchaba la llevaban a comprender que este era un juego que no tenia por aliado al tiempo. Lo asimilabas rápido y hacías tus jugadas con inteligencia o morías antes siquiera de llegar a hacer cualquier tipo de replica.
Mientras observaba a su...al Grand Maester y a su hermano desde su silla y sentía casi con vergüenza lo tan pequeña e ignorante que era. Y muy a su pesar, casi odiándose a si misma por ello, un ramalazo de admiración hacia su hermano rompió el rencor que a la vez sentía por el. El hombre era astuto, inteligente y tan frío como los días en el Norte. Ella podía aprender mucho de el...No. ella DEBÍA aprender mucho de el.

De mas esta decir que el secreto morirá conmigo y por supuesto que agradezco su lealtad por nuestra familia. También, en lo que sea útil, no tienen mas que decírmelo.

Ladeo su rostro hacia Rickard, Aedin sabia que en lo que a ella refería su mas importante misión era casarse con el viejo Tyrell...y con todo aun no lo aceptaba, pero nada aquí se trataba de aceptar o no, todo era hacerlo y después de la reunión con sus padres, una vez se probara su inocencia, ella haría todo lo posible por mantenerlos a salvo a ellos y a su casa.

La conversación entre los hombres tomo un rumbo curioso y ella no pudo mas que preguntar con su mirada que era lo que pasaba, segura de que no era el mejor momento para interrumpirlos verbalmente. Cuando Rickard confirmo con sus palabras aquello que ya había comenzado a comprender, abrió mucho los ojos y los observo en silencio mientras brindaban.

Rickard, estas seguro de esto? es decir..y sepa disculparme por favor señor Octavius pero que pasaría si se descubriera que ser Mortymer fue asesinado? ya estamos bajo los ojos de Brynden por traición por unas supuestas cartas...

No le gustaba mucho ese plan y no podían culparla por ello, ese era un mundo completamente nuevo para ella y que descubría casi con repelencia y fascinación en medidas iguales.

He oído que hay ciertos... antídotos...
Pronuncio la ultima palabra con un delicado gesto de su mano, si tan cierto era que las paredes tenían oídos entonces no compartía tocar aquel tema de manera tan suelta.
...que simulan una muerte natural, usted sabe...una enfermedad. Deterioran el cuerpo desde adentro de a poco, si no entendí mal, es este el tipo que usted utilizo, verdad? No hay forma alguna de que se comprueba lo contrario?

Observo al Grand Maester con una curiosidad que rayaba casi en el morbo. El hombre sonrió y de no ser por el centenar de arrugas que surcaba su rostro y de los rasgos devenidos con el tiempo, esa hubiera sido una sonrisa amplia de arrogancia. Desvió la mirada hacia Rickard y lo encontró observándola, aunque no pudo discernir exactamente cual era su expresión.

Lo siento si mi pregunta les ha parecido insultante caballeros, pero me temo que todo esto es nuevo para mi. Entonces...una vez suceda...cuales son los pasos a seguir?

Del otro lado de la puerta de la habitación un ruido fuerte la sobresalto, como si algo se cayera al piso provocando un gran estruendo. Miro nerviosa a su hermano.

Es seguro tocar estos temas aquí hermano mio?



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MensajeTema: Re: Presagios y tormentas [Rickard]   Miér Nov 09, 2011 12:57 am

El maestre asintió, complacido de la actitud de Aedin, su sobrina bisnieta. Le costaba mucho movilizarse, muchísimo, si apenas podía caminar y cada respiro parecía acarrearle un esfuerzo desesperante, pero su convicción era de hierro, la de un Baratheon, con excepción de Holly, quizá, quien la había perdido con los años y el encierro.

Rickard alzó una copa.

-¡Que así sea!

El maestre Octavius alzó su temblorosa mano y repitió las palabras de su sobrino bisnieto.

El hermano de Aedin bebió un largo sorbo, larguísimo y miró durante unos instantes el horizonte a través de la ventana. Respondió a su hermana muy lentamente— Hermana, hablas bien, ser Mortymer ya está muriendo y parece que es por muerte natural, alguna enfermedad, quizá. Además, cuando muera, la reina ordenará que su cadáver sea revisado ¿Y quién crees que cumple esa función?—preguntó, señalando casi cómicamente al anciano maestre— ¿Y qué crees que dirá?—sonrió—Todo está muy bien fundamentado, no te preocupes, tú cumple tu labor que yo cumpliré la mía.

-Lo de las cartas lo resolveremos más adelante, traerán muy pronto a nuestro padre, hay que ser precavidos y movernos rápido. Podemos captar la atención en otras cosas si apresuramos la muerte de ser Mortymer—dijo, observando al maestre quien pareció dudar un instante, finalmente el anciano dijo—Bueno… puede que hoy sus fuerzas no den más ante su terrible enfermedad.

Rickard sonrió.

-Perfecto—se ensanchó, mostrando una dentadura perfecta—No hay lugar más seguro, hermana. Mis guardias son mudos y he revisado hasta el infinito estas paredes, conozco sus pasadizos y tengo guardias mudos también allí dentro—mencionó, señalando un diván y luego una biblioteca.

-Hay que adelantarse… Si no hay nada más que decir, en fin, creo que es hora de que vayamos a dormir.


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Presagios y tormentas [Rickard]
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