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 El consejo del Rey

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MensajeTema: El consejo del Rey   Vie Oct 21, 2011 1:26 pm

Un día como cualquiera llegaba a Desembarco del Rey, el agraciado verano que vivían les proporcionaba un lindo día, pocas nubes en el cielo, un sol resplandeciente, cualquiera diría que era un bello lugar para vivir bajo estos puntos de vista…solo se debía ignorar la opresión, la pobreza, la hambruna fatal, mientras aquel niño rey se regodeaba en la fortaleza roja, esto es lo que pensaba el pueblo de Desembarco del Rey, en sur en General, el Norte por su parte estaba siendo imparcial, pero pronto esto cambiaría si el Rey Niño seguía volviéndose en contra de las tradiciones del norte.
De todas formas la situación del Sur debía cambiar y un grupo de hombres era el encargado de dicho acontecimiento, y no eran otros que “El consejo del Rey”, en una de las salas más discretas de la Fortaleza se hallaba una alargada mesa con sillas alrededor, de las que solo dos sobresalían, una, era la más lujosa y cómoda, en ella, el Rey debía sentarse, a su derecha, estaba una con el símbolo de la Mano, que obviamente correspondía a la Mano del Rey, lo curioso de todo esto es que ninguna de las dos sería ocupada, seguramente, hoy.
Pero allí estaban todos, vasos de agua en la mesa, documentos, plumas.
Los presentes eran los siguientes: “La araña” un hombre de por lo menos 30 años, de estatura baja, gordo, y con escaso cabello rubio. Tenía sus huevos por todo el reino, su trabajo era el saber, y sabía prácticamente todo lo que sucedía en Westeros, su nombre era Tarec, el siguiente Mortymer Lannister, Jefe de la Moneda e hijo del Lord de Roca Cartely, Tytos Lannister, su hijo menor para ser exactos, Ser Conrad Westerling,, un caballero muy respetado, de avanzada edad, que se había ganado la confianza del anterior rey, Glacius, y al que se le había permitido conservar su posición en el consejo. Además estaba Ser Ignotus Selmy. Un caballero famosísimo y ya viejo, tal vez el único que en ese lugar podía considerarse una leyenda viviente.No había hombre más honorable y venerable que él en los siete reinos, tal vez el otro Selmy, el de la Guardia Real, pero a ambos les era poco favorable servir al tirano niño rey.
Solo hacía falta la llegada de la Reina, y del tío de su majestad, Ser Rickard Baratheon para que inicie la reunión-
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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Vie Oct 21, 2011 5:48 pm

Enviadas las respectivas cartas tocaba pasar el día entero encerrado con el resto del Consejo, discutiendo trivialidades vanas pero que, de alguna manera, podían organizarse para dirigirlas a su favor. Rickard estaba consciente de que dentro del Consejo tenía dos trabas principales: el primero era el Jefe de la Moneda, Mortymer Lannister, y el segundo era la propia reina, quien velaba por los ignotos intereses de su hijo, Meridia Martell-Lannister. Cabe acotar que el tío del rey portaba aquel día su jubón plateado con el escudo de los Baratheon coronados sobre campo de sol, la unión entre Baratheon y Martell. Saludó amablemente a los presentes. Si algo tenía Rickard era que podía ser la persona más simpática y querida cuando lo deseaba. Era importante conservar las aficiones, incluso de enemigos no declarados. La reina no había llegado aún.

-Disculpen la demora, como ya sabrán he tenido que recibir a mi hermana hace unos instantes, espero que la recepción que le diera el rey no fuera demasiado… “real”. En fin—comentó, tomando asiento y dedicando una sonrisa a Ser Mortymer—. Supongo que aún debemos esperar a Su Majestad. ¿Se encuentra ella con el niño?—preguntó al aire.

Tomó papel y pluma e ingirió algo de agua.

-Dígame Ser Ignotus, ¿no preferiría usted un buen vino caliente en lugar de esto? Para despertar la mente, ya sabe—le bromeó al viejo caballero, con quien tenía una relación muy grata.

Se estiró, le aburría sobremanera esperar, las maneras demasiado nobles le desequilibraban. <<Por el amor de los Siete, ¿Qué acaso deben besar sus pies todos los hombres y mujeres de Westeros cada día antes de que se digne a aparecer?>> dijo para sus adentros.

Le preguntó a Tarec— ¿Y qué tal la familia?—aquello era una broma bastante oscura, considerando que el hombre era eunuco. Típico de Rickard.
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Meridia Martell-Baratheon
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Sáb Oct 22, 2011 11:44 pm

off:
 
Esa mañana las cortinas de la alcoba de la reina se abrieron dejando pasar la luz del sol al interior y bañar la estancia con una luz pura que llenaba de calor cualquier recoveco. Meridia descansaba plácidamente entre sábanas, con el cabello negro esparcido en la almohada y el rostro apacible. Pero esa tranquilidad pronto acabaría por ser interrumpida por el recordatorio de la reunión que se llevaría a cabo en unas cuantas horas. Meras faramallas gubernamentales con las que debía lidiar por ser parte del consejo real, cosa que traía tanto ventajas, como desventajas.
Se levantó y arregló para tener una buena presencia ante los caballeros que estarían ahí. Un vestido rojo sangre había sido la elección del día y un peinado sencillo. La mayor parte de la mañana se había ido en preparar su mente para lo que venía. Estaría presente su cuñado, Rickard Baratheon, un hombre que era famoso por su carisma y que seguramente estaría ahí puntual.
Ya en la hora indicada se dirigió a donde acontecería la asamblea. Sus pasos eran rápidos pero delicados. La puerta se abrió ante ella, un guardia anunció su llegada.
— Su majestad, la reina Meridia Martell-Baratheon, viuda de Glacius y madre de nuestro rey, Brynden Baratheon. —
La reina hizo una ligera inclinación de cabeza y se acercó a la mesa donde estaban el resto del consejo.
— Disculpen mi tardanza, caballeros, espero no haberlos hecho esperar mucho tiempo. — dijo mientras se acercaba a la mesa que ya estaba perfectamente preparada con todo lo necesario. Miró a los presentes y entonces tomó asiento, esperando que la discusión comenzara.
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Mar Oct 25, 2011 12:16 am

En cuanto el sirviente anunc¡ó a viva voz la llegada de la reina, el consejo a pleno y el hermano del rey se puso de pie. Primero Tarec, luego Ser Ignotus, que a pesar de su edad era ágil y ligero, Mortymer Lannister se les unió con una pícara sonrisa en su rostro; y por último ser Conrad Westerling. Rickard Baratheon la miro fijo, y se puso de pie lentamente.

-Majestad-hablo el eunuco, que estaba completamente cubierto de polvo blanco en su rostro, y olía levemente a magnolias en flor. Su sonrisa era aduladora-No nos ha hecho esperar en lo más mínimo. Usted llegó a tiempo, nosotros nos adelantamos-concluyó antes de sentarse y enlazar sus manos sobre la mesa.

Una vez que la reina se sentó, los demás hicieron lo mismo, y así empezó la sesión del Consejo. Todos esperaban para poder hablar, pero nadie iniciaba la discusión. Mortymer Lannister se aclaró la garganta, y sonrió galantemente.

-Mi dulce dama, la estábamos esperando para poder discutir el asunto de que necesitamos organizar un banquete en honor al día del nombre de su majestad Brynden-pronunció y le pidió con una seña a un sirviente que se acercara a la reina, para entrgarle un papel-Será un banquete especial, pensábamos agregar un pequeño torneo de justas-finalizó con un tono traquilo, al tiempo que acomodaba su rubio cabello.

-¿Pensabamos? Déjame recordarte que fue tu propuesta, y ninguno de nosotros dijo que si o que no-comentó sonriendo fríamente Ser Selmy.

-Oh bueno, a veces las mentes brillantes comprenden que las demás aceptarán lo que sea que digan-el tono del Lannister era molesto.

-No creo que el reino esté en condiciones de que se lleve a cabo tal festejo, mi querido Mortymer. Primero sería mejor que el joven rey afianzara su reinado. Mis "huevitos" dicen que hay fuertes rumores sobre lo insatisfechos que están con su gestión-comentó el eunuco al tiempo que se servía una copa de vino veraniego.

-¡No soportaré que hablen así de su Majestad!-prorrumpió Ser Conrad, enrojecido de valor.

-Pero Ser Conrad, usted sabe lo que se está diciendo en el reino. ¿Cómo verán los pueblerinos a un festejo a toda pompa si no hay suficiente alimento para que vivan los bebés?-continuó el eunuco, mirando sus uñas de perfecta manicura.

-Pues, deben estar agradecidos que el reino sigue en pie y que no importa lo que pase, siempre podrán contar su rey, ¿o no? Podrá ser una distracción de sus penurias-dijo dudando Ser Conrad.

-No, el festejo se debe hacer. Recordemos que su majestad puede ponerse un poco irritable si no se cumplen sus deseos, y esta celebración fue idea y expreso pedido del rey Brayden-dijo con seriedad Lannister.

-Oh vamos, tú lo único que quieres es calzarte la armadura y ganar el "pequeño torneo de justas" como tú lo llamas-lo reprendió Ser Selmy, mirándolo con reprobación.

-¿Y qué hay de malo en eso?-le respondió él con una sonrisa encantadora, la que le conseguía entrar en el cálido centro de todas las doncellas del reinado.

-¿Usted que opina majestad?-la inquirió el eunuco, todo sonrisas y aromas exóticos.





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Meridia Martell-Baratheon
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Mar Oct 25, 2011 1:18 am

Sin duda alguna odiaba cómo apestaba a flores el eunuco. Ella misma no usaba tanto perfume ni tanta pompa para una reunión de tan poca índole importante. La joven reina no confiaba en nadie y siempre había pensado que tantas adulaciones eran más lamidas de botas que piropos reales.
La discusión era acerca del festejo de Brynden, evento que había tenido muy felíz al niño desde que empezaron a planearlo. Sin embargo, Meridia era de la idea de que una fiesta lo suficientemente grande haría que los súbditos pensaran que su rey era tan egoísta como para pensar en su celebración pero no en su pueblo. La reina estaba al tanto de las quejas de los reinos, así que en cierta manera estaba de acuerdo con el eunuco. Sin embargo, también sabía muy bien que su hijo no repararía en gastos y que le importaba muy poco lo que dijeran los demás siempre y cuando su placer estuviera primero. Estaba claro que la disyuntiva era difícil, pero Meridia tenía algo en mente.
La reina se llevó la mano a la cabeza y frotó sus sienes con delicadeza. No era tiempo de hacer una fiesta pero conociendo a su hijo, o se hacía o rodarían muchas cabezas. A veces a ella le habría gustado que Brynden hubiera subido al trono con unos años más, así sería más maduro y no tomaría decisiones en torno a su ser infantil.
Dejó que los presentes se pelearan un rato, entonces ella dio su opinión.
— Caballeros, no se por que se pelean como perros y gatos. — dijo levantándose de su asiento para caminar alrededor de la mesa, eso siempre le aclaraba las ideas — somos parte de un mismo consejo y todos vemos por el bien de nuestro rey y nuestra basta comunidad. Es cierto que mi hijo, nuestro monarca desea desde hace un tiempo su tan ansiada fiesta, cosa que se merece después de los años de vida que ha caminado por la tierra. — dijo con una sonrisa casi maternal mientras pasaba acariciando el respaldo donde se sentaba Mortymer Lannister — No obstante, la gente se queja de la hambruna y de los lujos que la corona está tomando de los impuestos. Es por esto, señores, que yo sugiero que se haga una fiesta, pero una muy privada, no tan ostentosa y sin las faramallas que quiere Brynden. Yo discutiré eso con él en su momento.
La reina se quedó con las manos apoyadas en la mesa.
— Sé que mi hijo puede ser muy difícil de llevar… pero sigue siendo un niño y por lo tanto, su cabeza no piensa con la madurez que se requiere. Hagan los preparativos, pero cualquier cosa que sea excesiva, no se hará.— dijo con la voz muy firme sin dejar de ver a ninguno de los presentes. — Y con respecto al torneo… no me importa si lo hacen o no, es un entretenimiento que yo encuentro aburrido, pero si quieren hacerlo, es su asunto.— Meridia se volvió a sentar y miró a su cuñado — Rickard, estás muy callado, ¿por qué no nos das tu opinión de todo esto?
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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Mar Oct 25, 2011 11:56 am

Rickard llevaba largo rato algo huraño, escuchando con diversión las estúpidas diatribas del consejo. <Si Tarec usaba o no usaba perfume, si Ser Mortymer engalanaba un torneo de justas, si Ser Selmy decía lo contrario y les rompía a todos la cabeza contra la mesa antes de irse a comer pastel>. Jugueteaba con sus dedos, entretenido por toda aquella pugna trivial, ¿En verdad podían autodenominarse “Consejo del Rey”? Quizás sí, quizás en aquellos tiempos, en donde el rey era un niño y sus sirvientes bufones que le entretenían. Se mantuvo atento, de vez en cuando tomando algo de agua o haciendo dibujitos en un trozo de pergamino. Levantó la vista en el momento en que la reina, Meridia Martell, le dirigió la palabra directamente.

-¿Sobre qué? ¿Sobre todo este tema de la fiesta? ¡Ah, que me parece excesivamente ridículo cuando hay asuntos más importantes a los cuales atender! Pero qué podemos hacer, somos el Consejo del Rey y nadie más va a encargarse de las frivolidades del reino, ¿no es así?—preguntó con una franca sonrisa— Es cierto, mi querido sobrino precisa de su fiesta, puede llegar a ser “irritable”… —dijo, buscando la palabra menos cercana a la verdadera naturaleza de Brynden— Si no se cumple lo que ha ordenado. Pero tengo una mejor idea. Podemos obtener de su fiestecilla los fondos suficientes para otros temas.

Empezó a garabatear en otro pergamino—Es cierto, la gente muere de hambre, pero por cuestiones que no entiendo están siempre dispuestos a gastar en entretenimiento. Les encanta lo exótico y maravilloso, algo que no hayan visto. Las justas son aburridas y exigen demasiados gastos y glorias personales. Propongo una justa abierta, en la que puedan participar los plebeyos, no todos, serían demasiados, pero un representante por cada familia. Deberán pagar una módica suma para inscribirse, pero por un poco de gloria una cantidad enorme lo harán, y estoy seguro de que nuestro querido rey se verá satisfecho viendo como sus leales súbditos se despescuezan unos a otros—dijo con total franqueza—El tema es que nos llenaremos de dragones, venados de plata y demás divisas, esto hará que Ser Mortymer sea feliz, ¿No es así, mi querido Consejero de la Moneda?

Tomó algo más de agua—En fin, resuelto esto, quiero llegar a un tema más importante. El nombramiento de la Mano del Rey. Es algo que debe hacerse hoy, debe salir de este Consejo y debe ser aprobado por mi amado sobrino, con quien siempre he tenido una relación espléndida—agregó—¿Qué opinas, mi reina?

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Lyonell Lannister
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Miér Oct 26, 2011 10:28 pm

Era un importante día, y se hacia notar en el ambiente. ¡Qué lugar tan perfecto y hermoso para vivir! Era obvio que esas tierras eran del rey (¡Lo que daría por ser rey, por poder controlar todo eso! Pero la realidad era muy lejana de aquel deseo).
Mi padre me había pedido que acompañara a mi hermano Mortymer (Antes me aseguré que tomara partido por mi opinión y que intentara llevar a cabo una gran fiesta, ya que sería el pretexto ideal para armar una revuelta en contra del rey). Él debía participar de la reunión del consejo, donde se trataría la organización de la fiesta del joven e ingenuo rey. ¡Qué lástima que no se me permitiera participar! Podría hablar. Hablar es una de mis habilidades, desarrolladas de forma perfecta. Me encantaba llamarme el "sofista" de la época. El más grande conversador. Sin embargo debía conformarme con visitar aquella arquitectura perfecta.
Mientras estaba caminando por los pasillos vi a lo lejos a la reina que caminaba de forma elegante, pero rápido. Seguramente se dirigía hacia la Sala del Consejo. Me dispuse a seguirla, cautelosamente, para ver cuál era la ubicación exacta de dicha habitación.
Cuando la vi ingresar tras la presentación del guardia subí un piso, y con una cuerda que obtuve de una de las enormes y pesadas cortinas que cubrían las aberturas del lugar pude descender por la pared y ubicarme en una posición cercana a una ventana entreabierta para poder escuchar y observar sin ser detectado.
Allí estaban todos. Desde el Eunuco hasta el tío del rey. Mi hermano se encontraba allí, serio e inmutable.
Comenzó el debate, y mi hermano iba de acuerdo al plan: estaba a favor de que se realizara la fiesta.
Sin embargo, la idea de la reina de hacer una fiesta que no fuera tan ostentosa, amenazaba con resquebrajar todo lo que había ideado tan minuciosamente.
¿Qué estaba esperando mi hermano para interrumpir y convencer a todos de que se realice un gran festejo, con lujos y mucho gasto?
Sin embargo, el tema había cambiado hacia la designación de la Mano del Rey. [Cómo me gustaría ser yo la Mano del Rey, aunque él ni siquiera me conociese bien. Era imposible, era consciente de ello]
¿Podría mi hermano la Mano del Rey? No, no tenía la capacidad para poder convencerlos de que sea designado. ¡Agggg!
¡Cómo me gustaría estar allí y convencerlos de que me nombren a mí!
Pusé todos mis sentidos en alerta y contuve mi respiración
La reina se disponía a contestar la pregunta de Rickard Baratheon...
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Meridia Martell-Baratheon
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Sáb Oct 29, 2011 1:55 am

A la reina le parecía curioso que sus ideas y las de su cuñado coincidieran. Si bien la intención no era la misma -la de Meridia era quitarle lo consentido a su hijo-, la finalidad seguía teniendo el mismo interés. Ninguno de los dos estaba dispuesto a gastar una suma excesiva en una fiesta y mucho menos si se trataba de algo meramente infantil. El gasto del oro de reino significaba dar una imagen errónea y casi egoísta. Así que ella definitivamente no aprobaría tal gasto. Meridia se mantuvo escuchando todo lo que su cuñado decía y dio un respingo cuando su opinión se vio requerida.
- Mi opinión ya la saben. Brynden es un jovencito que aún no sabe absolutamente nada de lo que pasa en los reinos y lo que se dice de él. Una fiesta tan grande significaría una crítica más para el gobierno de mi hijo, lo cual no estoy dispuesta a permitir. Derrochar demasiado es un acto de egolatrismo y Brynden es aún muy joven para darse esos lujos. Además, si querenos ganarnos a la gente de los siete reinos, lo que más convendría es hacer ver que a su rey si le importa su gente y ¿cómo lograr eso sino con una fiesta algo humilde? Piénsenlo, caballeros- prosiguió la reina enderezándose en su asiento - No es un secreto que mi hijo es odiado en todo lugar, se cree que su gobierno está hecho a base de tiranía y poco interés en los asuntos que conciernen a los reinos. ¡Glacius fue un gran rey y su hijo no será objeto de burlas!- comentó con una voz más fuerte - Así que mi consejo es, que no se de una mala imagen. No gastemos tanto por mucho que nuestro rey lo desee. A la larga sabrá que es por su bien.- finalizó para volver a reposar su espalda en su asiento.
- Y en cuanto a La Mano del Rey, estoy de acuerdo. No debemos postergar más ese acontecimiento. Estamos todos aquí y no necesitamos más que llamar a Brynden para que sea él quien lo decida.- miró a su cuñado con desconfianza. No estaba tan segura de su sinceridad en cuanto a elogiar su relación con Brynden, pero no dejaría salir a la luz su opinión tan personal.
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Mar Nov 01, 2011 2:56 am

La Reina estbaa diplómatica y concisa, obviamente su posición era la de ayudar a que su Hijo Brynden se afianzara en el trono de hierro, pero claro, se debatía en ese esquema de negar o minimizar algunos aspectos de personalidad de su hijo, exagerar otros, y por supuesto mostrarse comprensiva y buscando lo mejor para el reino, en nombre de su hijo, aunque al parecer sus deseos disentían abiertamente con los de su pequeña semilla.
Trataba de apelar a la unión, curiosa postura, pensaba Ser Selmy. Lannister por su parte casi no creía que la mujer estuviese pensando en hacer una fiesta privada aunque sin dudas parecía no conocer a su propio hijo si pensaba que eso saciaría la sed de ostentación y desperdicio del Rey Niño.
Sin embargo algo favorable para la Reina fue pedir consejo al joven Baratheon de nombre Rickard, el siguiente en la sucesión del Bastión de las Tormentas, aunque, muchos dicen que legaría el cargo a su hermano Thomas, sin dudas los Baratheons eran increíbles en aquel asunto. Nadie había abdicado al trono de hierro hasta que Lord Holly lo hizo, dando paso al prospero pero corto reinado del Rey Glacius.
El Baratheon parecía inmerso en sus pensamientos, pero rápidamente y con una agilidad mental envidiable se puso en campaño dando una brillante idea para que la gran fiesta de Brynden pueda realizarse, convertirla en un negocio. Era perfectamente ejecutable, y traería más dragones de oro y venados de plata al tesoro de los que había recibido en mucho tiempo.
Otro asunto curioso era la presencia de Lyonell Lannister, el hermano de Mortymer. Todos parecían confusos por aquello, pero nadie quería entrar en el tema, los Lannister presentes confiaban en que nadie quiera meterse con ellos, en especial el Jefe de la Moneda, pero aun asi el significado de aquella presencia parecía algo insólito.
Tal vez esa presencia molesta no dudaría mucho más.
Esto no agradó para nada a su majestad, quería imponer su perspectiva según se notaba, incluso se la notó exaltada, y recordar el nombre de su difunto marido pareció darle fuerzas en la reunión.
El Eunuco habló tranquilamente: Oh mi señora, lamento informarle que servimos al Rey, y lo que él quiere se hace, la idea de Rickard, es una…genialidad-Lo admitió de mala gana al parecer- Darle esperanzas al pueblo es bueno, hacerles creer que pueden salir adelante, que son dignos, y llenar las arcas de los Siete Reinos con esto…¿Qué más se puede pedir?
Lo terminaremos de debatir luego-Dijo el señor Mortymer cuando notó que el tema de la mano había tomado mayor fuerza que cualquier otro.
Ser Conrad Westerling miró a los lados y se fijó en el joven Lannister allí presente, una mirada picara le acompañó.
Si es orden de la Reina, llamemos a nuestra excelencia…él mismo decidirá quien será su mano, ya sea que esté en esta sala o en algún lugar de los Siete Reinos, sus deseos se cumplirán…-Dijo mirando a todos.
¡Eh! ¡Tú! Lannister-Dijo sonriente- La Reina quiere que su hijo venga a la reunión, ve a buscarlo y reza porque este de buen humor, haz algo útil además de estar ahí parado cuando no debes –Sintió el placer de darle orden y humillar a un Lannister. Miró a la Reina y le sonrió, como lo hizo cuando su mirada se posó en Mortymer, la mirada del ultimo fue inexpresiva, no quería más polémicas al parecer. Pero ya estaba todo tan claro, hoy se elegiría una mano, hoy Brynden Baratheon, señor de los Siete Reinos, protector de los mismos elegiría a la persona que sería la segunda persona más poderosa de los Siete Reinos…y que los dioses protegieran a dicho sujeto de terminar como la anterior mano.

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Rickard Baratheon
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MensajeTema: Re: El consejo del Rey   Mar Nov 01, 2011 3:25 am

Rickard se mantenía absorto en sus pensamientos cada cierta cantidad de tiempo, la reunión avanzaba increíblemente lento y no se empezó a poner interesante hasta que no descubrió a aquel curioso sujeto cuyo cabello y amaneradas maneras delataron tan bestialmente. Sonrió, en realidad era casi una mueca de regocijo, intentando no estallar en carcajadas caviló que lo mejor que podía hacer era humillarlo de la manera en que sabía hacerlo mejor, con un humor que a todos agradara. Incluso al insípido pero baboso de Tarec.

-Vaya, Tarec, ¿son ideas mías o alguien te está haciendo competencia para convertirse en la nueva araña? Este parece tener tela de araña inclusive—se levantó y se acercó a la ventana. Lo miró con gesto ufano y luego miró hacia abajo— ¿Lyonell, no? Hermano de Ser Mortymer—volvió a mirar abajo—¿Sabías que si te empujo te caes? Es por el tema del peso, una especie de fuerza invisible que nos arrastra a todos hacia el suelo. Es una lástima que no seas un Arryn, según se dice, ellos tienen alas en el culo. En fin… —le dio una mano y lo ayudó a entrar a la habitación— Esto es una reunión del CONSEJO DEL REY y, según sé, no formas parte de él. No creo que tu hermano sea lo suficientemente inoperante para defender esta actitud tuya y, supongo que lo que haces es todo tema tuyo y nada tiene que ver con tu padre o con tu casa, ¿verdad? Eso sería ponerse a la delantera.

Escuchó las palabras de Ser Conrad.

-¡Qué buena idea! ¿Por qué no vas a tratar con su majestad? Estará encantado de verte y nos ahorrarás la pesada tarea de decirle que has estado husmeando en asuntos de estado.

Se rascó la cabeza.

-Ahora, si nos permites, es urgente que lo busques. Mortymer, deberías empezar a organizar la justa para el próximo lunes, fecha del día del nombre de Brynden. Tarec, sería una buena idea esparcir el rumor, que la gente se entere de su participación y los ánimos crezcan. Esto será un buen impulso económico, mis amigos del Consejo.

Sonrió, teniendo mucho cuidado de tratarlos a todos con el debido respeto y que no sonara como las órdenes subyacentes que en realidad eran.

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